Don Hermilio tiene dos problemas. El primero es que no ha pagado la renta completa.
El segundo es que cambió de número telefónico y ahora no sabe cómo recibirá la llamada para el trabajo con el que iba a completar.
También tiene dos teléfonos celulares.
Ninguno le sirve para ganar dinero.
—El WhatsApp —dice—. Es lo que más le preocupa. Por ahí me hablaban para trabajar.
Yo le creo. Le digo: si quiere, tráigame su teléfono viejo. Quizá le pueda ayudar a recuperar su WhatsApp.
Va y viene rápido.
Llega con los dos aparatos en la mano.
—¿Cuál es el viejo?
No sabe.
Los dos se ven igual. Con unos golpecitos toqué las pantallas a ver cuál despertaba.
—¿Por qué cambió de número? Le pregunté.
—No sé. Yo no quería. Ya tenía siete años con el mismo número.
Se rasca la cabeza y cuenta.
—Fui a MetroPCS, me dijeron que era mejor que me llevara uno nuevo, me dijeron que era gratis, que era una especial. El hindú me dijo que ni lo pensara.
No la pensó.
Entonces le dije: Para recuperar su Whatsapp vamos a conectar el teléfono
viejo al Wi-fi.
Sospecho que no entiende de qué hablo, pero asiente y me entrega la misma confianza que lo dejó sin su número telefónico.
Con los dos aparatos encendidos, yo tampoco sé cuál es el nuevo y cuál el viejo. Los dos se ven en muy buen estado.
Después de mirarlos como si fueran piezas de evidencia, concluimos que el del botón lateral rosita es el nuevo.
El primero lo compró por necesidad.
El segundo, me sigue contando, no sabe ni cómo llegó a sus manos.
Ese día él solo iba a pagar la mensualidad y salió con un aparato nuevo.
—Me dijeron que era gratis —repite—. Pero siempre después no.
Ahora tiene un teléfono sin línea y otro con un número que nadie conoce.
Ni siquiera él.
—Deme el número nuevo —le pedí.
Me dijo: por ahí debe estar, apuntando a la pantalla del aparato en mis manos.
Para no batallar llamé a mi teléfono desde su celular nuevo y le anoté el número en un papel.
Luego conecté el celular viejo al Wi-Fi de la oficina. El número viejo sí lo tenía anotado en un papel doblado en la cartera.
El celular viejo empieza a sonar.
Ding
Ding
Ding
Se le abren los ojos a Don Hermilio.
—¿Ve? WhatsApp funciona con internet, no solo con la línea.
Le doy una explicación tecnológica que a veces ni yo entiendo del todo.
Me equivoco. Vuelvo atrás. Entre intuición y ensayo transferimos la línea. Hasta que llega el victorioso mensaje de confirmación.
Ding
Ding
—Son mis hijos —dice don Hermilio.
Ding
—Así es como pierdo trabajos.
Ding
—Ay, qué pena, disculpe. No tengo un nieto que me ayude. Los de aquí no. Los de México sí me buscan.
Don Hermilio tiene dos familias, que son la misma.
Pero una parte está lejos: para ellos él es el abuelito que vive en el norte.
La otra cerca: para ellos él es el abuelito que vive en Maryvale.
Esta semana volvió a la oficina.
Desde el escritorio de mi asistente me vio y me dijo:
—Va a creer, Celia, que se me descompuso el WhatsApp otra vez.
No se explicaba cómo, pero yo sí. Pienso que se confundió de aparato.
Entonces comentó que fue otra vez a la tienda del hindú.
—Me dijeron que tenía que pagar la línea vieja y activarla para poder transferir el WhatsApp a la línea nueva.
Sí me enojé.
Me cambió la voz administrativa por un acertijo sinaloense y, agitando la mano, le dije:
—A ver, venga para acá… pagar la línea era lo que debió hacer desde el principio. Ahora resulta que sí le van a aceptar el pago después de andar penando con dos teléfonos y una línea nueva innecesaria.
—Y con la tableta —me dijo.
—¿Cuál tableta?
—La que me regalaron con el teléfono. Según que tenía línea, pero se le fue bien rápido.
Corre a su apartamento y me trae la tableta.
La reviso y en efecto no tiene internet, ni línea.
—¿Sabe usarla?
—No mucho, pero sí le moví unos días.
Dice que el vendedor le explicó que le convenía, que era promoción, que era gratis.
Ahora tiene dos teléfonos: uno sin línea y otro con un número que todavía no se aprende. Una tableta sin internet y una línea de siete años suspendida.
Don Hermilio solo quería pagar su mensualidad.
Lo veo caminar con su bolsa de mandado por la Thomas Rd. Despacio va y viene.
El tráfico avanza a otra velocidad, y no, no son las millas por hora.
Ding
Ya viene otro mes.
Ding
Ding
Don Hermilio tiene dos problemas.
Ding
Ding
Ding
Y ninguno es realmente la renta.
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